Instalar este tema

"Yo solía alejarme de la troupe a última hora de la tarde. Siempre tenía que hacer algún encargo mientras mis padres preparaban la cena. Pero en realidad eso solo era una excusa para separarnos un rato. En el camino es difícil encontrar momentos de intimidad, y ellos los necesitaban tanto como yo. Así que si yo tardaba una hora en reunir un montón de leña, a mis padres no les importaba. Y si, cuando volvía, ellos no había empezado a preparar la cena… Bueno, estaban en su derecho, ¿no?
Espero que pasaran esas últimas horas a gusto. Espero que no las malgastaran en tareas tontas como encender el fuego o trocear las verduras para la cena. Espero que cantaran juntos, como solían hacer. Espero que se retiraran a nuestro carromato y que pasasen un rato el uno en brazos del otro. Espero que después se tumbaran lado a lado y hablasen en voz baja de cosas sin importancia. Espero que estuvieran juntos, amándose el uno al otro, hasta que llegó el final.
Es una esperanza pequeña, y en realidad absurda, porque de todas formas están muertos.
Pero yo lo espero.”

"Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.

La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.

La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que «el tiempo todo lo cura» es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.

La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.

La última puerta es la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.”

—¿Puedo volver a verte? —me preguntó.

Su voz sonó nerviosa, y me pareció entrañable.

—Claro —le contesté sonriendo.

—¿Mañana? —me preguntó.

—Paciencia, saltamontes —le aconsejé—. No querrás parecer ansioso…

—No, por eso te he dicho mañana —me contestó—. Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesto a esperar toda la noche y buena parte de mañana.

Puse los ojos en blanco.

—Lo digo en serio —añadió.

—Ni siquiera me conoces —le dije.

Cogí el libro del salpicadero.

—¿Qué te parece si te llamo cuando lo haya leído? —le pregunté.

—No tienes mi número de teléfono.

—Tengo la firme sospecha de que lo has anotado en el libro.

Sonrió de oreja a oreja.

—Y luego dices que no nos conocemos…

This is beautiful…

This is beautiful…

Oh, capitán, mi capitán…
Ata sempre, Robin.

Oh, capitán, mi capitán…

Ata sempre, Robin.